lunes, 8 de octubre de 2012

Opcional

Sintió una punzada en el pecho cuando la unidad de sus labios se rompió, estallando así en palabras. Y por más que lo intentaba, su estómago, esófago, pulmones y garganta se negaban a deshacer el nudo que los bloqueaba con la fuerza de cien atmósferas. Así, mientras en sus oídos zumbaban los sinsentidos ajenos, su boca se negaba a responder más allá de simples noes y gemidos ahogados por la frustración.
Ahora que, por fin, nadie miraba, se atrevió a dejarse vencer por el peso de su cuerpo y respiró pesadamente el aire de cenizas que le había perseguido desde entonces. No había pasado mucho tiempo, no había pasado el suficiente; pero ante la seguridad del dolor tenemos la opción de no sufrir, y tras haberse percatado se levantó despacio y abrió la ventana, para que la brisa purificase el saturado ambiente de su mente.

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