Podíamos haber durado mucho más, pero decidimos que no merecía la pena el sacrificio. Y nos separamos.
Simple, limpio, indoloro, al menos en comparación.
Pero podíamos haber durado más.
Esto podía haber sido una de esas cosas que perduran en el tiempo, de esas que la gente cuenta y que vaga de boca en boca, como ejemplo, como historia, como mito. Podíamos haber sido retratados por un gran novelista, o un gran director. O quizá hubiesen ido a escuchar nuestra historia de la mano de una orquesta, rodeados de telones rojos, parquet, trajes y vestidos de noche, instrumentos de cuerda color cerezo y pianos color caoba.
Podíamos haber provocado sonrisas y esperanzas.
Pero decidimos que no merecía la pena, y ahora contaremos historias, leeremos libros, veremos grandes películas y escucharemos imponentes sinfonías que cuenten las historias que podrían haber sido nuestras.