¿Sabes? te has
convertido en un fantasma de mi mente. Te presentas en forma de impulso,
cuando las mañanas son soleadas; en forma de inquietud, en la noche
bien entrada. Estás ahí, donde un pajaro canta, donde un niño sonrie, en
un punto de inflexión de una gráfica. Estás aquí, en lo formal y en lo
informal, en lo extraordinario, en lo banal. En el nudo de mi estómago.
En un pensamiento mudo; en la felicidad de un opiómano.