Es verano y no hay nadie en casa. La ropa está sucia, el suelo sin fregar y hay bolsos tirados encima de todas y cada una de las camas. Hay puertas abiertas que deberían estar cerradas, puertas cerradas que no tienen porque estarlo, persianas bajadas para intentar controlar al implacable calor y un disco en cada equipo de música. La mesa de la sala se cubre de revistas y en la estantería del dormitorio los libros del curso que viene duermen por aburrimiento.
¿No es la mejor sensación del mundo?
Sin dudarlo
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