Eso que sientes cuando te sientas frente a la hoja en blanco, esa especie de mareo como si estuvieses a punto de saltar desde la décima planta de un edificio, ese pánico irracional al que intentas buscar constantemente el sentido...
Pero entonces escribes la primera palabra y empuja a todas las demás, animándolas, como si desde un principio hubiesen estado ahí, como si en realidad fuesen ellas las que tenían miedo y no tu.
¡Já! piensas con suficiencia, y te invade esa sensación de que al menos eres capaz de controlar una parte de tu vida. Es como si finalmente hubieses saltado desde esa atemorizante décima planta y hubieses caído de pie, y justo en ese momento el edificio que te sostenía, que considerabas tan seguro, se hubiese venido abajo.
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